Entrevista a Undiano Mallenco
Guillermo Ferro Maynar
ALBERTO UNDIANO MALLENCO | EXÁRBITRO PROFESIONAL DE FÚTBOL
“El arbitraje es una escuela de vida”
El exárbitro navarro habla sobre su experiencia personal a lo largo de su trayectoria en la élite deportiva
Alberto Undiano Mallenco fotografiado durante la entrevista
SUMARIO
“La verdad es que ha merecido la pena todo este viaje”
“Aunque deje de estar en activo, en el campo, uno siempre es árbitro de por vida”
“Siempre apoyaré a muerte al árbitro, haga lo que haga”
“La crítica, siempre que sea respetuosa, es bienvenida”
Alberto Undiano Mallenco (Pamplona, 1973), el árbitro con más partidos dirigidos en la historia de La Liga, concedió una entrevista en la que habló de cómo es la vida de un árbitro, más allá de lo profesional. Repasó sus inicios, se sinceró sobre los momentos buenos y malos que ha vivido a lo largo de su carrera y habló de cómo afecta el arbitraje en su vida personal.
1) ¿Cómo empezó a arbitrar y cuándo decidió que quería dedicarse a ello?
- Empecé por un compañero del instituto. Él era árbitro y nos convenció a toda la cuadrilla de amigos para empezar a arbitrar. De los ocho o nueve que fuimos, después del primer partido, la mitad lo dejaron (se ríe).
Para mí, al principio, era un hobby. Me lo pasaba bien y, por el feedback que recibía, creía que más o menos lo hacía bien, dentro de lo bien que lo podías hacer sin mucha experiencia. Cuando llevaba arbitrando tres o cuatro años, un día, el presidente del Comité de Árbitros de Navarra me llamó a su despacho. Yo pensaba que era para echarme una bronca y, bueno, habló conmigo. Recuerdo la primera conversación un poquito seria. Me dijo: “Alberto, estamos viendo en ti que puedes tener características y habilidades para pensar que puedes llegar a algo en el arbitraje. Tómatelo en serio, entrena fuerte, prepárate bien”. Fue con esa edad, 17 años, cuando estaba más o menos en Primera Regional cuando empecé a planteármelo como algo más que un hobby.
2) Antes de arbitrar, ¿jugó a fútbol?
- Jugué en el equipo de mi colegio. Jugaba, pero no bien (entre risas). Ahora, el tiempo le da un motivo a todo eso; posiblemente era porque era bastante malico. Mis condiciones no eran muy buenas y yo recuerdo que cada vez que venía el balón no me encontraba seguro. Así como en el arbitraje, desde el principio, me veía tranquilo, seguro, disfrutando lo que hacía; jugando era bastante justito y lo dejé. Dejé de jugar y la temporada siguiente empecé a arbitrar, cuando pasé a Irubide. Ahí ya no había equipo de fútbol y había que plantearse ir a otro equipo en edad juvenil o cadete, no recuerdo qué categoría sería, pero no tenía ese nivel.
3) ¿Daba problemas a los árbitros?
- No. Me sacaron una tarjeta por agarrar a un jugador contra la Rochapea, me acuerdo perfectamente del partido. Se me escapó, ya me había hecho tres o cuatro pirulillas y lo agarré a la siguiente. No recuerdo que yo fuera protestón en ese sentido.
4) ¿Tenía claro desde joven que su objetivo era llegar a ser árbitro profesional?
- Realmente, no pensaba en Primera o Segunda División. Iba poquito a poquito. Cuando estás en Regional, quieres subir a Preferente; en Preferente, quieres subir a Tercera y, en Tercera, el siguiente paso ya es el semiprofesionalismo. Yo tuve la suerte de estar solamente un año en Tercera División. Fui siendo muy joven y la suerte fue que hubo una reestructuración por edad y muchos árbitros de Segunda B lo tuvieron que dejar. De 106 árbitros de Tercera de toda España, subimos 53. Cuando ascendí, sí que pensé: “Si estás en Segunda B, el siguiente paso es Segunda”. Aunque en Segunda B éramos 140 árbitros en toda España y solo subían cuatro o cinco a final de temporada.
5) A pesar de ser un árbitro con tantos años de carrera y que desde joven ya se veía que se le daba bien, estudió dos carreras, una de ellas ya siendo profesional.
- Sí, estudié Sociología en la UPNA y, cuando acabé la carrera, creo recordar, estaba en Segunda B y decía: “A ver, ¿para dónde tiro? ¿Empiezo a buscar algo a nivel laboral? ¿Me intento centrar en el arbitraje y sigo formándome por si acaso?”. Tomé la decisión de
estudiar Ciencias Políticas por la UNED; tenía la mitad de la carrera convalidada con Sociología, así que todos los años iba cogiendo tres o cuatro asignaturas y, poco a poco, la conseguí acabar en el año 2003.
6) ¿Alguna vez se planteó trabajar en algo relacionado con esa carrera?
- Sí. Laboralmente no he tenido la opción de trabajar mucho, sobre todo porque el arbitraje cada vez era más exigente a nivel de días fuera de casa, pero tuve alguna experiencia en el Ayuntamiento de Pamplona. Estuve trabajando un año en el área de Servicios Sociales y estuve muy a gusto, pero realmente era complicado. Además, poco después de empezar a trabajar en el Ayuntamiento, me seleccionaron para el Mundial de Sudáfrica, con lo cual la dedicación fuera era todavía era mayor. Cada vez era mayor el número de días que tenía que estar fuera de casa y decidí centrarme exclusivamente en el arbitraje en el año 2009 y a partir de ahí me he dedicado solamente a esto.
7) ¿Echa de menos arbitrar?
- Alguna vez, puntualmente, sí. Por ejemplo, suelo estar en partidos internacionales como informador arbitral y, a veces, cuando estás ahí con ellos antes del partido piensas: “Qué a gusto saldría ahora arbitrar”. O, a veces, cuando estás viendo el partido en la televisión y ves el túnel de vestuarios, hay veces que sí, pero, más que el campo, echo en falta el día a día de entonces: entrenar, prepararte para el partido, estar esperando el lunes a ver qué partido te designan, si te llega algún partido de Champions o algún partido importante a nivel internacional... Eso sí que lo he echo de menos. Pero el campo la verdad es que, después de tantos años, lo tenía muy asimilado. Aunque alguna vez puntualmente saldría a arbitrar un rato, pero, ya lo tenía muy claro. No pasa nada. Son etapas.
8) Dice que vale la pena ser árbitro, pero, en 19 años de carrera, ¿no ha habido ningún momento que haya pensado que no lo vale?
- No. A ver, hay malos partidos, malas experiencias. En el fútbol, además, cada tres o cuatro días tienes un partido, partidos importantes y, a veces, era como una montaña rusa. Salías de hacer muy buenos partidos, de repente te pegabas la leche en uno que te equivocabas gravemente en alguna jugada importante. No teníamos VAR entonces. Yo solamente arbitré con VAR mi última temporada. Hay etapas en las que uno dice: “No sé si valgo para esto”. Yo creo que la clave es estar un poquito equilibrado. Los momentos quizá más complicados eran los iniciales. Cuando empiezas a arbitrar, siempre hay algún partido que dices: “Buff, ostras, no sé si valgo”. Pero creo que con esto he disfrutado tanto que los momentos buenos han sido infinitamente mayores que algún momento puntual de debilidad o de inseguridad. La verdad es que ha merecido la pena todo este viaje.
9) De esos momentos buenos, ¿con cuál se queda?
- Son muchos. Cada vez que había un ascenso era una gran alegría, lo mismo en juvenil, Regional o Regional Preferente que cuando subí a Primera División. Todos son muy especiales.
Partidos importantes: clásicos, finales de Copa. Pero, quizá, el partido más especial fue mi primer partido en el Mundial en Sudáfrica.
A nivel emotivo, mi último partido en La Liga. Aunque luego pité la final de Copa y la de la Nations League, pero el último partido en liga fue muy especial, porque estaba toda mi familia, mis amigos... Fue muy bonito estar arbitrando y estar escuchándoles en la grada a ellos y compartir ese último partido como despedida. Los otros dos no recordaba que era mi último partido porque eran tan importantes, una final de Copa y la final de la Nations League, que estaba centrado. Aunque cuando acabó el de la Nations League dije: “Bueno, ahora ya sí, esto ya se acaba”.
10) Cuando son los jugadores los que critican, ¿cómo se gestiona eso?
- En el campo, cuando protestan, hablas e intentas explicarles las cosas. A veces no hay manera de explicarles porque no escuchan o no entienden, pero yo creo que, en general, los jugadores se portan bien. Yo siempre decía que en todos los equipos hay uno o dos jugadores que son muy protestones, seis o siete que sin más y uno o dos que son los que te ayudan. A veces es el capitán, a veces no. Con eso hay que jugar. En todos los equipos yo conocía y decía: “Oye, habla con fulanito que está súper nervioso, tranquiliza que lo voy a tener que amonestar como siga así”. El futbolista al final protesta por la pasión, el momento de la calentura, pero ojalá se protestara menos. Ojalá.
11) ¿Y cuando las quejas son fuera del partido?
- A veces salen porque les dicen en el club que tienen que salir. Es una manera de intentar presionar. Otras veces, se quejan por el calentón del momento, depende de cada uno. Yo creo que nos deberíamos respetar.
La crítica, siempre que sea respetuosa, es bienvenida. El problema es cuando se deja caer que el árbitro se equivoca queriendo, eso es lo que a mí me duele, porque yo creo que nadie sale en su trabajo a hacerlo mal o a equivocarse queriendo. Claro que nos equivocamos. Hasta los mejores futbolistas del mundo fallan penaltis y ocasiones clarísimas. A nosotros nos pasa un poco como a los porteros. Tenemos que hacer un gran partido y si tenemos un error ya parece que es un desastre. El árbitro se puede equivocar. Hoy en día tenemos el VAR que lo soluciona, pero aún con VAR sigue existiendo la polémica, porque hay muchas jugadas que están al límite y, depende del seguidor o del jugador que vea, lo puedes ver con unos ojos o con otros. El fútbol es muy complicado para arbitrar.
12) Antes de que existiera el VAR, ¿veía las jugadas repetidas en casa?
- Sí, por supuesto. Es nuestra obligación. Hay que hacer un autoanálisis, ver las jugadas. Cuando no teníamos móviles, hasta que no llegamos a casa no lo veíamos. Ahora puedes verlo casi en el vestuario, al final del partido. En el descanso nunca me gustó. Otros compañeros sí que lo hacen. Era otro fútbol, otra sensación. Hoy en día, con el VAR, no hace falta que te manden las imágenes, si te has equivocado lo ves en el ‘on field review’.
13) ¿Alguna vez le ha mandado un amigo o algún familiar que sea de un equipo al que pita un mensaje diciéndole que se ha equivocado?
- Cachondeos siempre puede haber, pero, en general, mis amigos, más allá de que sean de un equipo o de otro, cuando me ven, saben lo complicado que es mi trabajo y son respetuosos. Generalmente no tengo experiencias malas con eso. Ellos saben lo complicado que es arbitrar y lo mal que lo pasas cuando te equivocas.
14) ¿Es más duro el estadio o las críticas fuera del campo?
- En el campo tú estás centrado en lo tuyo y no escuchas ni lo que dicen. Puedes oír más ruido cuando paras el juego porque hay un cambio. Yo, después de tantos años, en algún campo tenía hasta canción. Lo llevas lo mejor que puedes y ya está. Es más complicado lo de después. Sobre todo cuando hay críticas que sabes que están orientadas de una manera tendenciosa a intentar hacer daño, incluso a mentir hablando de situaciones que ellos saben que no son así, o que dicen que tú has dicho algo que no has dicho. Eso es lo más complicado porque, al final, somos compañeros. Jugadores, entrenadores, árbitros, directivos... todos estamos en el mismo barco y nos tenemos que respetar. Yo entiendo que puedas cabrearte al acabar el partido porque entiendes que te han visto un penalti que para ti no es, pero no puedes decir que el árbitro se ha equivocado queriendo. Yo no digo que un futbolista falla un penalti queriendo.
15) ¿Qué siente un árbitro cuando un jugador sale a defender a un árbitro cuando falla?
- Para nosotros es un subidón. Yo, en alguna experiencia que he tenido de ese tipo, cuando está con ese futbolista, le he dicho: “De verdad, muchísimas gracias”. Cuando pasa algo así, el primero que lo siente es el árbitro y entendemos la crítica, pero siempre desde el respeto. Eso nosotros, la verdad, que lo agradecemos muchísimo.
16) Un árbitro, ¿puede tener una vida normal?
- Sí, al final, a todos nos asocian con nuestra profesión. Al que es médico, todo el mundo le acaba preguntando sobre medicina, incluso aunque sea no especialista en lo que se le pregunta; si está en una comida con amigos, y a alguien le duele un juanete, le acaban preguntando. Con el árbitro pasa lo mismo. Te preguntan de todo. Pero yo creo que sí, que se puede hacer vida más o menos normal. Yo he vivido siempre en la Rocha, ahora en Ansoáin, a 100 metros de dónde vivía antes. La gente me conoce desde hace mucho tiempo y, en general, es educada. Puntualmente, alguno puede salirse del tiesto alguna vez, pero yo nunca he tenido tampoco problemas. Aunque es verdad que las 24 horas del día
tienes que ser consciente de que tienes un trabajo más o menos público o tienes que ser cuidadoso con lo que dices, con lo que hablas, y más hoy en día con los móviles y redes sociales.
Tengo que tener cuidado con mis hijos, al mayor no le gusta el fútbol y no se ha puesto nunca ninguna camiseta de ningún equipo, pero el pequeño, que sí que es futbolero, eso de que nunca se pusiera camisetas de equipos para que nadie pueda decir nada... Incluso teniendo mucho cuidado, la gente se inventa cosas. He leído que si yo entrenaba con la camiseta de no sé qué equipo o que mi hijo jugaba en las categorías inferiores de no sé cuál. Es una locura.
17) La peor parte es la que afecta a la familia, ¿no?
- Sí, casi lo único realmente malo es la cantidad de días que estás fuera de casa. Los árbitros, además, no viajan en vuelos chárter como los equipos, no. Yo he tenido que coger hasta cuatro aviones de ida y otros cuatro de vuelta a sitios complicados y me he perdido muchas cosas. Yo no estuve en el nacimiento de mis dos hijos, cumpleaños, momentos importantes... He intentado compaginarlo lo mejor posible, organizarme, pero, cuando llega un partido, hay veces que no puedes estar en todo lo que te gustaría estar. He sido muy afortunado, porque mi mujer nunca se ha quejado, lo lleva lo mejor que puede. Como ella ya me conoció siendo árbitro de Segunda División, ha sido consciente desde el primer momento que esto iba en el ‘pack’ y la pobre ha tenido que aguantar. Y los chicos, parecido.
A veces, sientes impotencia cuando llegan las notas, por ejemplo. Da la sensación de que tenías que estar ahí y echar una mano. O cuando te vas con el crío malo. Nunca han tenido ningún problema gordo de salud, pero igual está con 38 o 39 de fiebre y no te sientes bien. Pero bueno, he tenido la gran fortuna de que mi mujer ha sido y es una superwoman que ha hecho de padre y de madre muchas veces.
Por eso, siempre que he acabado un partido, he vuelto lo antes posible. He cogido el primer vuelo de la mañana, aunque haya ido prácticamente sin dormir, porque entiendo que hay que estar en casa a todas las horas que se pueda.
18) Cuando va a ver un partido de su hijo, ¿se fija más en su hijo o en el árbitro?
- Veo más a mi hijo, evidentemente. La vista se te va más a tu hijo, pero también veo al árbitro; le echas una ojeadilla. Incluso, luego, después del partido, si la cosa ha ido tranquila y no hay nada, pues siempre das algún consejito o intentas ayudar. Aunque deje de estar en activo,en el campo, uno siempre es árbitro de por vida.
19) No será un padre de los que se queja, ¿no?
- No, es lo último que haría, nadie me verá que le diga algo a un árbitro. Al revés. Todos los consejos que doy a los árbitros son siempre superrespetuosos. Lo último que le diría es que
vaya penalti o algo así. Todo lo contrario: intento ayudarles. Siempre apoyaré a muerte al árbitro, haga lo que haga.
20) ¿Qué consejo le daría a su hijo si se termina decidiendo por el arbitraje?
- Le daría muy pocos, porque creo que lo peor que podemos hacer los padres, cuando un hijo va a dedicarse o va a empezar la actividad que tú has hecho, es intentar darle demasiada información o intentar darle demasiado consejo. Le diría: “Hijo, sobre todo, disfruta y haz muy buenos amigos, porque el arbitraje es quizá de las mejores cosas que te va a dar: los compañeros que vas a conocer, el compañerismo que tienes con ellos y lo que te ayuda a madurar como persona”. Yo empecé a arbitrar con 13 o 14 años y eso es una escuela de vida, porque sales a arbitrar y te tienes que pelear con los 22 jugadores, con los entrenadores, con el delegado, con el del bar y hasta con la Guardia Civil (entre risas). A veces, lo complicado que es el dirigir la responsabilidad de llegar al campo, arbitrar, hacer el acta después del partido y todo lo que eso conlleva acelera tu formación y tu desarrollo personal. El arbitraje es una escuela de vida brutal. Eso, para mí, más que todo el dinero que haya ganado, que ha sido mi forma de trabajar y todo lo que quieras, pero, personalmente, de lo que más orgulloso estoy es de eso: a mí me ayudó muchísimo a formarme como persona.

Comentarios
Publicar un comentario